Ya llegó la navidad….
December 16, 2007
Supongo que debido a mi condición de adolescente, esperaréis que os diga que no me hace ilusión la navidad, que es una estrategia de márketing más del sistema capitalista al que nos vemos unidos cada día más, que estoy preocupada por la contaminación lumínica que sufren nuestras ciudades, etc…pues no!
Me lo paso "teta" viendo como de un día para otro las calles se llenan de luces, y de gente que compra regalos y se deja la "guita". Además, me encanta pasar por en medio de una masa de gente que, en realidad, no sabe a donde va. Hay tanta gente que si pego un salto, no podría tocar suelo de nuevo debido a los apretujones y podría moverme por la ciudad sin ni siquiera dar un paso. Me gusta más aún, escuchar al Raimundo Amador más profundo mientras pasa por mi lado un montón de gente a la que le doy igual y encima hablan diferente.
Sin embargo, he de reconocer que ayer tuve un momento claustrofóbico en Henry Street. La música se acabó en mi mp3 y entonces volví a la realidad observando con pánico mi alrededor que, lo que hace unos segundos eran simpáticos irlandeses haciendo sus compras de Navidad, ahora me parecieron monstruos cuyos brazos terminaban en un amasijo de bolsas de papel enormes y que no paraban de reír maléficamente…decidí buscar un lugar seguro pero mi única escapatoria era "Jervis Shopping Centre". "Muy inteligente Silvia" diréis, pero teníais que haber estado en mi situación, ni el mejor 007 hubiera salido de esa de otro modo. El caso es que como supondréis, me metí en la boca del lobo.
La entrada al centro comercial es de lo más "curiosa". Te recibe un resplandor de luces de todos los colores y a lo lejos, alrededor de lo que se supone que es la casita de Papá Noel, animalitos de peluche de todos los tamaños y variedades, mueven la cabeza de un lado a otro con un simpático "bzzzzz-bzzzzz" que los hace de lo más irreales, pero supongo que cuando eres pequeño te crees que el ciervito te está saludando. Cuando alcé la vista, vi a un Santa Claus de tamaño real subiendo por una cuerda hasta el piso de arriba…Era increíble como ese hombre podía subir la cuerda con esa soltura, con un saco a la espalda y con ese uniforme que seguramente era incomodísimo. Me tuve que parar claro para darle un aplauso, cuando veo que, para mi perplejidad, baja a la misma velocidad con la que había subido. Ese no era un hombre, era uno de los Cuatro Fantásticos!…Después de unos segundos debido a la falta de oxígeno que se produce cuando hay el mismo número de personas en Irlanda que en ese centro comercial, me di cuenta que era un puñetero robot. Que genial idea, fomentar la imagen de la existencia de Papá Noel, poniendo un robot en representación suya, subiendo y bajando de por un cable en un centro comercial. Si yo fuera más pequeña pensaría que qué coño hace Papa Noel haciendo el tonto cuando debería estar comprándome a Elmo Risitas. Sin embargo, es muy atrevida la ignorancia y había un millón de niños a mi alrededor mirando como el robot subía y bajaba. Tenían los ojos desorbitados e inyectados en sangre, seguramente por una sobredosis de azúcar y no paraban de gritar mientras animaban al muñeco. Fué entonces cuando me di cuenta de donde estaba de nuevo. A lo lejos, divisé mi salvación. Aquel "santuario" no me podía venir mejor. Era mi única opción y allí que fuí. Estaba segura de que era el único lugar donde estar a salvo. Me hubiera gustado tener una espada láser o algo de eso que utilizan los "buenos" para defenderse pero sólo pude utilizar la técnica del "sorry…." que tanto funciona aquí. Supongo que era el único lugar en toda la cuidad donde había menos de una persona por metro cuadrado. Aquella tienda de libros era una maravilla.
